Excursión de Ski en el sur de Alemania.

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Luego de llegar a un teleférico en el sur de Alemania, en el que te dicen que te tienes que subir en 42 segundos y dejaste guantes, teléfono y chaqueta en el camino del auto al vagón, sabes lo que es la adrenalina. No se preocupen, apareció todo en mi bolso, menos el teléfono que 2 días después encontraron en el mismo lugar. En el pavimento del estacionamiento, llevando nieve, pero intacto.

Galería al final del post.

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El Alpspitze desde la travesía

Ya estábamos en Garmisch-Partenkirchen, al sur de Bavaria y muy cerca de Austria. Llegamos a Kreuzeck, un punto a unos 1800 msnm repleto de nieve donde hay una pista de ski convencional, un pequeño hotel para montañistas y una cabaña en el otro perfil de la montaña –es como una cresta ese punto–.
Era mi primera vez en una pista de ski y era increíble como niños de unos 4 años se lanzaban como si nada al vacío, perros detrás de la gente subiendo y bajando la montaña.

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Mientras que yo, unos días después, con un par de pies esquíes de casi 2 metros debajo de mí, intentando frenar y yéndome al piso para no acabar en un acantilado… Si buscas encuentras un video de mi como ejemplo.

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Una hora después de llegar e instalarnos en la cabaña, salimos en un tour de esquí Sebastián –mi tocayo de abajo–, Gerhard y yo. Ellos dos esquiarían mientras yo intentaba11012017-_mg_8027 hacer un foto reportaje mientras no me congelaba los dedos en la sombra. A propósito de eso, cuando caminas o estás al sol, se siente como si estuvieras en el calor tropical por más que el termómetro marque -15 Cº. Eso sí, si te metes en la sombra un rato, dejas de sentir tu nariz, tus dedos y la vista se te pone opaca.

Luego de 3 horas caminando con unos crampones para nieve que me salvaron de mojarme hasta el alma hundiéndome en la nieve, llegamos a una cuesta algo empinada y luego de ella, una pequeña cabaña de madera en el medio de la nada. Donde me quedé un rato mientras ellos subían a un pico chiquito llamado Zugspitze. Dentro de la cabaña había un tipo llamado Johen, que cuida la cabaña en invierno porque es un como un refugio para montañistas en el que pueden cocinar, agarrar calor y por supuesto, comprar cerveza. Incluso cuando Johen no está, en el Porsche de entrada deja cajas de todo tipo de cervezas y un pequeño plato donde dejas el dinero: 3 euros por cerveza –sí, algo caro comparado con los supermercados donde cuestan entre 0.35 y 0.90 la lata de medio litro, pero vale la pena pagarlo si en el medio de la montaña conseguís una cerveza en medio de tu camino–. Aunque claro, como mochilero low cost que era, yo me llevé mis propias provisiones en el bolso.

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Dentro de la cabaña el ambiente era súper acogedor. Johen habla perfectamente español y en una de las esquinas de la cabaña una bufanda con un “Refuges welcome”.

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Luego de esperar un rato a que Gerhard y Sebastián llegaran a la cumbre y empezaran el descenso, salí y esperé un rato allí afuera, en el invierno alpino.

Volvimos a la primera cabaña finalmente tras pasar otra vez por la zona de avalanchas y ver un valle repleto de nieve y lagos congelados; con sus picos iluminados tenuemente con una luz rojiza y un fondo violeta en el cielo, un lugar mágico.

Galería:

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