Primero de Septiembre

Tenía ya varios temas en mente sobre los que hablar; pero recién ahora, a las 11 de la noche,  se me prendió el foco al cruzarme esta foto del otro día en El Yaque, sobre uno de los tapaitos -es una especie de peñero o barco de madera acondicionado para llevar pasajeros-, en el que muestra una desteñida pero igualmente colorida bandera del tricolor. Y creo que es algo sensato usarla hoy.


Esta es una entrada corta, sin muchas palabras o fotos, como quiero acostumbrarme a hacer aquí. Pero que será una pequeñísima reflexión mía sobre lo de hoy.


Hoy no ha pasado lo que muchos y otros han predicho, en este gran pequeño país, con tanta historia que pocos recuerdan y valoran -porque esa es la realidad, a fin de cuentas, un pueblo que no conoce su historia está inexorablemente condenado a repetirla-; sin embargo, lo de hoy ha sido más bueno, que malo. O mejor dicho, trae un poquito mas de luz, que de oscuridad (que al final pueden ser casi lo mismo).


Ese grupo de venezolanos que querían que se armara el peo, creo que son los mismos que estuvieron diciendo que Nacho debería ser presidente. Aquellos que creen cualquier en cualquier consigna proselitista del lado de aquí y de allá -que al final, es por puro esnobismo- son los mismos que tienen como ideales diatribas sin fundamentos. 


Tenemos los pies muy gastados ya de tanto caminar hacia algún lado, dando siempre varios pasos hacia atrás cada vez que tratamos de dar una zancada.







Aquellos que dirían “Sin guerra no hay paz” aunque les haya dicho un señor, seguido de “Sin sangre no hay cambio”, gritarían con pasíon. Pero luego se darían cuenta de mataron a su patria, a sus ideales. Irónicamente ella -su patria- los mató. Con estas frases se puede describir una realidad, cuando el romanticismo se apodera y ciega los ideales de una buena causa. La Vida Bohème debería escucharse más en estas tierras.

 

Afortunadamente, hoy se supieron manejar las cosas, o al menos por casualidad, se fueron por buen camino. Sin lanzaderas de piedras, de perdigones o demás. Al final de todo, somos todos hombres iguales, sin necesidad de matarnos los unos a los otros por por cómo pensamos o por ideales, que al final no servirán de mucho al estar manchados de sangre. 

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Esta gente maravillosa, este pueblo, tienen una gran historia; y tiene que seguir escribiéndose de aquí en adelante, habiendo aprendido de esas tumbas que han quedado atrás, cantándonos constantemente con el sufrimiento de nuestros fusiles y espadas. Para así, recuperar nuestra libertad.




Imágenes ©Sebastián Astorga – 2016

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